Aumento de opciones de becas estudiantiles en EEUU deja atrás a muchos alumnos de escuelas públicas
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4:03 AM on Tuesday, June 16
By Por BIANCA VÁZQUEZ TONESS y SHARON LURYE
FORT WORTH, Texas, EE.UU. (AP) — La visita a la escuela católica terminó y María Contreras sintió un deseo irresistible de matricular allí a su hijo de 7 años. Pero antes una pregunta difícil: “¿Lo podría correr a mi hijo?”, le preguntó en español a la directora.
El niño de segundo grado tiene problemas para concentrarse. No escucha a los maestros y corre por el aula, explicó. ¿Podría ser expulsado?
Cada vez más familias en diversas partes de Estados Unidos experimentan con escuelas privadas a medida que los estados —y pronto el gobierno federal— utilizan becas financiadas con los impuestos para incentivarlas a abandonar las escuelas públicas. Pronto, la mitad de los estudiantes estadounidenses serán elegibles a solicitar fondos estatales para financiar una educación privada, y muchos estados ofrecerán las becas incluso a familias con altos ingresos.
En teoría, estos programas deberían brindar a los niños una oportunidad educativa que de otra manera no tendrían. En la realidad, estudiantes que ya asisten a escuelas privadas o reciben educación en casa son quienes tienen más probabilidades de beneficiarse, según un análisis de The Associated Press.
Las razones son complejas. En algunos casos, las familias con hijos en escuelas públicas no saben sobre estos programas de becas, conocidos como vales o cuentas de ahorro para la educación. Podrían carecer de transporte para llevar a sus hijos a la escuela privada. A algunos les preocupa que su hijo no se adapte a un entorno disciplinario más estricto. A veces, tal como ocurre en Texas —el estado más reciente en sumarse al movimiento de libre elección de escuela privada, que ya cuenta con 10.500 millones de dólares—, la ley está redactada para beneficiar a familias que saben cómo desenvolverse en sistemas educativos complejos.
Contreras y su esposo crecieron en una familia católica en México. Se mudaron a Texas, donde él encontró trabajo como soldador, y a la larga obtuvieron sus “green cards”, la tarjeta de residencia permanente para inmigrantes. Estaban relativamente contentos de enviar a sus tres hijos mayores a las escuelas públicas de Fort Worth.
Pero Ian, su hijo menor, enfrentó varias dificultades. Leía muy por debajo del nivel esperado para su edad. En otoño, Contreras le pidió a la maestra de Ian que le hiciera una prueba para detectar posibles dificultades de aprendizaje, sin saber que existía un proceso legalmente obligatorio para solicitar dicha evaluación.
Durante meses, nadie evaluó a su hijo.
Y ella no fue la única. En la escuela primaria de su hijo —donde casi todos los alumnos provienen de familias de bajos recursos, y la mayoría aún está en proceso de aprender inglés— las dificultades de aprendizaje han sido diagnosticadas a una frecuencia sorprendentemente baja. Sólo el 4% reúne los requisitos para servicios de educación especial, en comparación con el 14% en todo el distrito.
Contreras no lo sabía entonces, pero sin esas pruebas, tendría pocas opciones para pagar una nueva escuela para Ian.
De entre todos los lugares, Contreras se enteró en la iglesia de la oportunidad de obtener becas para escuelas privadas. Durante los anuncios en la misa, un hombre preguntó en español si alguien quería 10.000 dólares para asistir a una escuela católica. Ian se despertó de su siesta y levantó la mano.
El ambicioso programa de Texas inicia este otoño, y ofrece aproximadamente 1.000 millones de dólares de fondos públicos para ayudar a las familias con los gastos de escuelas privadas o la educación en el hogar. El programa financia cuentas de ahorro para la educación, un tipo de beca que va más allá de cubrir sólo la matrícula, proporcionando a las familias dinero para todo, desde libros de texto y clases de música hasta transporte y tecnología.
Desde hace tiempo, estados gobernados por republicanos, como Indiana, Florida y Arizona, han ofrecido becas financiadas con fondos públicos para estudiantes que asisten a escuelas privadas o que estudian en casa. Pero el movimiento para privatizar la educación ha cobrado fuerza en la presidencia de Donald Trump, quien ha aprovechado el creciente escepticismo hacia las escuelas públicas.
Durante años, Texas se resistió a implementar un programa de vales escolares, dado que los demócratas y los republicanos rurales bloquearon iniciativas que temían desviarían fondos de las escuelas públicas. El gobernador republicano Greg Abbott aceleró la creación de las Cuentas de Libertad Educativa de Texas el año pasado, con ayuda de Trump. El propio presidente llamó a los legisladores del Partido Republicano para instarlos a aprobar esta parte de su agenda educativa.
Con el fin de obtener los votos, los republicanos de Texas eliminaron una disposición que, en el primer año, habría otorgado el 80% de las Cuentas de Libertad Educativa a estudiantes que dejaran las escuelas públicas.
Sin dicha disposición, la evidencia de otros estados es clara: la mayoría de las becas serán utilizadas por estudiantes que ya asisten a escuelas privadas o que estudian en casa.
El año pasado en Alabama, por ejemplo, los exalumnos de escuelas públicas representaron sólo el 13% de los beneficiarios de las becas, según un análisis de la AP. Menos de la mitad de los estudiantes de escuelas públicas de Alabama a quienes se les ofreció una beca la utilizaron, en comparación con el 94% de los niños que ya asistían a escuelas privadas.
Alabama planea eliminar cualquier límite de ingresos para su programa de becas el próximo año, con lo que se sumará a estados como Arizona que ofrecen becas a todos. En Arizona, según muestra el análisis de la AP, el uso de las becas es casi tres veces mayor en los códigos postales de altos ingresos que en los barrios de bajos ingresos.
A fin de cuentas, el proyecto de ley de Texas le dio prioridad a estudiantes de cualquier tipo de escuela con discapacidades documentadas, además de sus hermanos. Esos alumnos —siempre y cuando sus familias ganen menos de 165.000 dólares al año para una familia de cuatro— serán los primeros en recibir las becas de las Cuentas de Libertad Educativa de Texas esta primavera.
A continuación, el estado le dio prioridad a niños de familias de bajos ingresos, cuyas familias ganan menos de 66.000 dólares al año para una familia de cuatro.
Ian estaría en el tercer grupo, prácticamente al final de la fila, ya que sus padres ganan aproximadamente 70.000 dólares al año.
Para ser catapultado al principio de la fila, Ian necesitaría tener una discapacidad documentada, una tendencia creciente en los programas estatales de vales escolares. Actualmente, nueve estados cuentan con becas financiadas por los contribuyentes para ayudar a estudiantes con necesidades especiales a asistir a escuelas privadas o a aprender en casa.
Pero abandonar el sistema de escuelas públicas es arriesgado para muchos de esos alumnos, y desde hace tiempo los defensores de la educación especial han advertido en contra de ello. Las escuelas privadas no están obligadas legalmente a admitir a estudiantes con necesidades especiales. A Contreras le sorprendió enterarse que las escuelas privadas tampoco están obligadas a ofrecer servicios para ayudar a niños con discapacidades, como sí lo están las escuelas públicas.
A pesar de décadas de investigación sobre la selección de escuela, los estudios científicos no han avanzado al mismo ritmo que los estados que asignan los vales educativos a los estudiantes con discapacidades. Se desconoce cómo les va académicamente a esos alumnos en escuelas privadas tradicionales.
Los educadores de la Escuela Católica de Santa Rita se mostraron imperturbables cuando, en medio de su recorrido, Contreras interrumpió la descripción que hacían de la lista de lectura de tercer grado para revelar lo mucho que le cuesta a Ian permanecer quieto.
“A veces, un niño preferiría ser visto como activo y no como que no comprende”, respondió la directora Kindra Johnston, una exorientadora que lleva a su perro golden retriever al trabajo todos los días. “Yo puedo enseñarle cómo autorregularse. Cómo tener un propósito”.
El estar en una clase más pequeña y con un profesor que sepa cómo conectar con él podría ayudarle, agregó.
Actualmente, la escuela matricula a estudiantes con dificultades de aprendizaje, incluidas la dislexia, la disgrafía, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y la discapacidad intelectual límite, expuso a un periodista.
No hay información pública que muestre cuántos estudiantes con discapacidades asisten a escuelas privadas en Texas. Representantes de la Diócesis de Fort Worth dicen haber animado a estudiantes de escuelas católicas a solicitar el dinero de las becas, de forma que las escuelas puedan costear las terapias de educación especial que los estudiantes necesitan.
Contreras salió de la visita a la escuela de Santa Rita con ganas de matricular allí a su hijo de inmediato. Pero pronto se dio cuenta de que, sin el vale, no puede pagar la matrícula de 7.000 dólares.
Con la ayuda de su hija, solicitó formalmente una evaluación de educación especial en la escuela pública de su hijo.
Bajo la ley de Texas, el distrito tiene 15 días escolares para responder, y luego 45 días escolares para realizar la evaluación después de que un padre presenta una solicitud de evaluación de discapacidades. Si los evaluadores encuentran una discapacidad y determinan que afecta la capacidad de aprendizaje del niño, la escuela está obligada por ley a elaborar un plan y proporcionar servicios de apoyo.
Pero para cuando venció el plazo para la solicitud del vale de Texas, el distrito escolar de Fort Worth aún no evaluaba a Ian. Contreras presentó la solicitud demasiado tarde.
Texas comenzó a notificar a las familias en abril si recibirían el vale. Según la información publicada hasta el momento, los solicitantes aprobados no reflejan la composición demográfica del estado. Sólo el 43% asistió recientemente a una escuela pública. Si bien más de la mitad de los estudiantes de escuelas públicas de Texas son hispanos, solamente un poco más de una cuarta parte de los beneficiarios del vale lo son.
Al mismo tiempo, tres cuartas partes de las aproximadamente 95.000 cuentas otorgadas hasta mayo fueron a niños de bajos ingresos. La proporción de solicitudes aprobadas de personas con discapacidades, 28%, fue el doble de la proporción en el sistema de escuelas públicas.
El grupo de Ian ha sido incluido en la lista de espera.
En abril, poco antes de que venciera el plazo para que la escuela respondiera sobre las pruebas de discapacidad, y poco después de que la AP le preguntara al distrito sobre la evaluación de Ian, su escuela contactó a Contreras para programar pruebas de detección del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). A Contreras le sorprendió saber que el proceso comenzaba con una encuesta que debía completar uno de los padres y el maestro de Ian, además de una visita a su pediatra.
El último día de clases, Contreras finalmente obtuvo respuestas. A Ian le diagnosticaron TDAH. La escuela accedió a sentarlo cerca del maestro y a brindarle apoyo adicional para los conceptos difíciles.
Sin embargo, actualmente no reúne los requisitos para recibir servicios especializados por su discapacidad. Y no se le ha dado prioridad para esta ronda de vales.
Es posible que Ian pudiese beneficiarse de dejar su escuela pública y asistir a Santa Rita este otoño.
No obstante, lo más probable es que no reciba ninguna ayuda financiera del estado para hacerlo.
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